Arquitectura y Crowdfunding

Maria Font
12 de April 2013
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Categoría:
Architecture

 

Arquitectura y Crowdfunding

 

Nacido a comienzos del año 2000 con el sistema de donaciones como precedente y tras la creación en 2009 de la compañía “Kickstarter” y el salto a las redes sociales e internet; el crowdfunding o financiación colectiva o en masa, ha dinamizado la inversión, el acercamiento popular y el impulso a proyectos de diversa índole.

 

Gracias a la contribución en forma de pequeñas cuantías utilizando las redes sociales y la tecnología como herramientas; el crowdfunding se basa en el denominado micromecenazgo, en el que un colectivo determinado de personas lleva el peso de la financiación e invierte para la consecución de un determinado fin, relacionado o no con el campo de la arquitectura y el urbanismo.

 

Tras la concreción de diferentes proyectos urbanos y arquitectónicos financiados a través de crowdfunding realizados o por ejecutar, se abre un nuevo y amplio panorama prácticamente inexplorado que convierte el sistema de roles establecidos en el proceso constructivo.

Tal y como se hace eco el AIA (American Institutte of Architects) en su reciente informe sobre arquitectura y crowdfunding, la financiación colectiva abre un abanico de posibilidades para los arquitectos y sus clientes. La relación con clientes y comunidades locales para la concreción de propuestas en futuros proyectos o la incentivación de proyectos que difícilmente hubieran sido financiados por vías convencionales, entre otras; son consecuencias potenciales del mismo proceso que el propio AIA está decidido a facilitar a través de legislación.

 

Ejemplos como los proyectos “I make Rotterdam”, en el que se propone la construcción de un puente en el centro de Rotterdam con fondos de financiación colectiva, la construcción en el Noorderpark de Ámsterdam de un bar gracias a un crowdfunding popular y materiales de segunda mano adquiridos por ebay, o la construcción de una cúpula geodésica en el campo de Cebada en España; son muestras recientes de cómo, especialmente en proyectos de contribución a la mejora de una comunidad, el micromecenazgo es una posibilidad actual viable.

 

Sin embargo, también existen ciertos riesgos derivados de la extrapolación del crowdfunding a la generación de proyectos de arquitectura y urbanismo tal y como nos acerca el artículo “Against kickstarter urbanism” de Alexandra Lange:

 

“Una plataforma de financiación apta para un reloj no es una plataforma de financiación apta para una ciudad. Las expectaciones, los plazos y la comunidad relevante son salvajemente diferentes. [...] La línea de tiempo de los proyectos urbanos, los permisos requeridos en la vida real y los enormes costes de construcción son muy poco adecuados para el enfoque de Kickstarter. [...] Un parque va a requerir mucho más que 5€ y una “¡Buena idea!”.”

 

Tomando consciencia de la complejidad y burocracia que un proyecto de grandes dimensiones pueda conllevar y de los cambios que necesariamente éste debe asumir en su proceso de definición; la participación colectiva se desvirtúa al ver como la financiación de dicho proyecto es incentivada a partir de una serie de imágenes que difícilmente se acabarán ajustando a la realidad.

 

La relación entre arquitectura y crowdfunding deja abierto, por tanto, un vasto panorama de numerosas posibilidades llamado a tomar cada vez mayor protagonismo.

por A. Durán